ESPECIAL MUJERES CON ESPERANZA:
La decisión de ayudar a quienes lo necesitan

Históricamente, en diversas culturas, y a lo largo del tiempo, se ha asociado el acto de cuidar con el género femenino. Podemos partir de la simple observación que las profesiones del tipo de  enfermería, psicología, trabajo social, educación parvularia, y muchas otras, han sido propias de las mujeres. Ya sea respecto a la situación de los niños, niñas, adolescentes, al cuidado de la tercera edad, las personas en situación de calle, la reinserción social, rehabilitación en general y una amplia lista de causas sensibles, cabe preguntarse en una primera instancia ¿por qué en su mayoría son las mujeres quienes ocupan estos espacios? Pero más aún; ¿Tienen la empatía, la solidaridad o la protección un carácter netamente femenino? ¿Es por ello que tienden a ser temas más postergados en la lista de las prioridades de nuestra sociedad?

Fundación Esperanza es una institución sin fines de lucro, con 12 programas de protección para niñas, niños y adolescentes; y también para personas en situación de calle. Con centros en Punta Arenas, Puerto Natales y Porvenir, atendiendo a más de 600 casos al año; esta organización tiene un detalle que salta a la vista: en ella, de los doce programas, once son dirigidos por mujeres.

Hoy queremos reconocer en algunas de sus directoras, el trabajo de muchas otras mujeres que lideran programas sociales. Aprovechamos la instancia para reflexionar respecto a cuánto se ha naturalizado el rol de las mujeres como cuidadoras, y cómo le dan sentido a su presencia mayoritaria en los espacios vinculados al área psicosocial y a la vocación de servicio.

Les invitamos a conocer a cuatro mujeres de este grupo diverso de trabajadoras por una sociedad más justa. Todas son directoras de diversos programas de Fundación Esperanza, con quienes nos sentamos a reflexionar sobre lo femenino, la vulnerabilidad y las transformaciones sociales para una sociedad más humana.


PERSONAS EN SITUACIÓN DE CALLE

Evelyn Gómez - Coordinadora Programa Calle


Evelyn Gómez, psicóloga de profesión, es la coordinadora del Programa Calle, financiado por la Secretaría Ministerial de Desarrollo Social; un equipo que trabaja para incorporar a personas en situación de Calle al mundo laboral, diagnosticar complejidades en salud y gestionar tratamientos, entre otros apoyos. Su orientación profesional siempre estuvo vinculada al trabajo en contextos vulnerables; desde su primer interés por los adolescentes con riesgo de suicidio y posteriormente con mujeres víctimas de violencia intrafamiliar. Desde ahí, en un inevitable cruce con temáticas de drogas, alcohol y violencia, paulatinamente llegó al trabajo con personas en situación de calle.

  • En Chile, como promedio, el tiempo que pasa una persona en situación de calle son más de 5 años. ¿Cómo se explica que una persona pase tanto tiempo sin poder salir de una situación así en una sociedad como la nuestra?

“Hay varias cosas que se suman, una de las variables más importantes es la historia personal; que deja una huella que no se borra jamás. Ellos vienen de familias donde ha habido maltrato, violaciones, delincuencia, consumo de alcohol, dinámicas que son súper adversas para crecer y sentirse acogido, sentirse esperanzado, o sentir que uno es dueño de su vida. Eso es lo primero y lo más fuerte. Además te encuentras con personas que de tanto dolor, han desarrollado patologías psiquiátricas, porque el dolor ha sido largo, sistemático, y no han sabido pedir ayuda porque están en grupos que ya son vulnerados, antes de estar en calle.

La situación de calle no es una cosa cualquiera. No es que la gente se quiera lanzar a la calle a vivir una vida fácil porque estar en calle es fácil. Eso para nada. Te encuentras con mujeres y hombres que les ha pasado de todo. Han tomado malas decisiones, han sido víctimas del sistema, a veces son adictos, otras veces simplemente nadie los atendió cuando tenía que ser, otros que simplemente terminaron en cárcel, salieron de la cárcel y a la calle”.

  • ¿Cuál es la esperanza en este escenario?

Yo creo que uno cuando está trabajando como profesional en esta área tan difícil lo que uno tiene que repetirse en todos los segundos es que uno no está sobre esas personas. Uno está en igualdad de condiciones. Cualquiera puede caer en la calle, por cualquier decisión mal tomada. O sea, nadie está libre de una situación como esa, y menos en una sociedad tan individualista como ésta. Eso lo primero.

Y lo segundo que es súper importante, es que todas las personas nos merecemos una oportunidad. Yo creo que alcanzar la felicidad, aunque sea en unos minutos, sentir que alguien te cree, alguien confía, alguien te mira a los ojos de manera genuina, con un respeto verdadero, independiente de que estés hediondo, tomado, etc. Quien siente esa conexión humana tiene la posibilidad de formarse una vida nueva, a pesar de la historia terrible que pudo haber tenido.

Eso es lo que me lleva todos los días a enojarme, es lo que a mí me indigna; uno no choca con las caídas y las recaídas  de los usuarios, porque eso sucede, sino con quienes dejan de verlos como seres humanos. Estos “viejos borrachos” como les dicen algunas personas, también comprenden el lenguaje. Comprenden perfectamente bien quien los acepta y quien los denigra. Y cada cerrada de puerta es una posibilidad de menos de estar vivo. Estar en la calle es querer suicidarse a pausa. Eso es lo más terrible de todo, porque la calle se come a las personas muy rápidamente.

 

  • ¿Y crees que esa reflexión más empática viene de un aspecto más femenino?

Entonces se ha reclamado mucho respecto a que sea parte de la naturaleza el asumir la responsabilidad de cuidar a los niños, cuidar a los ancianos, cuidar a la naturaleza, etc. Por una parte está el discurso machista, donde las mujeres estamos hechas para cuidar y postergarnos toda la vida. Pero por otro lado creo que es un buen pie para que nosotras como fuerza pongamos en claro que también tiene que haber una nueva construcción del lenguaje. Es decir, no significa que nosotras estemos en programas como éste, para personas en situación de calle, para cuidar viejitos, para que no se mueran. No. Hay una postura revolucionaria detrás de eso. Uno no está pensando en la indefensión de los seres humanos, uno está pensando en la potencialidad de los seres humanos. Uno no está pensando en sostenerlos así con lastima, sino diciendo dale, levántate y hazlo.

En lo que se pueda hay que estar siempre intentándolo. Por lo menos, lo que me cabe de responsabilidad, es intentarlo. Uno siempre está ahí, si te gusta, o si piensas que la sociedad puede ser un poco mejor, aunque sea un sueño idealista, ese es mi deber; “luchar por las causas perdidas”, como diría mi abuela.

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